Publicado en REVISTA TEMAS (marzo 2010)
Anda estos días la Unión Europea intentando superar la perplejidad en la que cayó tras los pobres resultados de la Cumbre de Naciones Unidas en Copenhague sobre cambio climático. Y hace bien la UE, porque no debe gastar ni un sólo átomo de su energía política en una pesada digestión de frustraciones y lamentos sobre expectativas no cumplidas. El cambio climático es un hecho, el tiempo apremia, y esta Europa verde y pionera de la última década no puede por más que recuperar el optimismo para seguir trabajando y retomar el liderazgo a escala internacional, hagan lo que hagan los demás, y sin renunciar ni un ápice a su vanguardista paquete de legislación "Energía - Clima".
Lo primero es aprender de los propios errores. Analicemos las debilidades de Copenhague para corregirlas y pasar de los actos de fe a los compromisos reales.
En primer lugar, el fracaso de la Cumbre fue una decepción para la lucha contra el cambio climático, pero también fue una primera derrota del multilateralistmo como forma de entender las relaciones internacionales en ése nuevo orden multipolar. Las negociaciones "de verdad" las llevaron a cabo los Estados Unidos, China, y sus países de interés, a última hora, con cierta nocturnidad y una pizca de alevosía. Barak Obama, ante la atónita mirada de la UE -que jugaba este partido en casa- y la impotencia del Secretario de la ONU para el Clima, Yvo de Boer, sacó la negociación del plenario, resolvió lo que le convenía y, luego, lo anunció al mundo.
Pero, las consecuencias de lo ocurrido en las últimas horas de la Cumbre van más allá de un acuerdo débil en contenidos y feo en las formas. La ruptura del multilateralismo cuestionó la pertinencia de la ONU como foro mundial de toma de decisiones. Obama dejó en evidencia a la ONU, cuando ésta esperaba que fuera el líder de futuras negociaciones. ¿Estuvo a la altura de un Nóbel?...
Admitiendo que la ONU debe evaluar sus formas de gobernanza, el Cambio Climático es un problema que afecta al Planeta, y que, sin negar la debida comprensión a las especificidades de cada uno o a su nivel de desarrollo, no se puede resolver por partes ni a diferentes velocidades. Es por ello que, en todas las negociaciones previas a la nueva Cumbre de México prevista para finales de año, debe quedar claro que las partes aceptan y respetan a esta institución como foro de alcance global para resolver lo que es sin duda un problema de alcance global.
Segundo. La Unión Europea acudió a Copenhague desestructurada, lo que pudo influir tanto en la pérdida temporal de su imagen de pionera en la lucha contra el cambio climático, como en la falta de un acuerdo final de peso. La Unión -qué contrasentido- llegó dividida a Copenhague: algunos países negociaron por su cuenta, de modo que en lugar de hablar con una sola voz, se oyeron demasiados ecos y “egos” en una cacofonía que, quizás, la apartó más aún de los debates.
La solución pasa por volver a lo acordado por el Consejo, ratificado por los 27, puesto negro sobre blanco, firmado, sellado y enviado a la ONU el 31 de enero (plazo fijado en el acuerdo para comunicar los planes nacionales de reducción de emisiones). En el momento de escribir el artículo, parece que los representantes de los Estados Miembros han acordado que la UE asuma en su conjunto una reducción del 20% para el 2020. Y el dato tiene su importancia porque significa que no se van a recibir en la ONU 27 planes nacionales diferentes y descoordinados, sino que Europa vuelve a tener una estrategia común para estabilizar y reducir sus emisiones. El precio a pagar ha sido la llamada "cláusula de condicionalidad", es decir, la rebaja a efectos formales,-que no el abandono-, del objetivo del 30% al que aspiraban la mayoría de los países comunitarios. Dicho de otro modo, la UE se comprometerá a reducir sus emisiones en un 30%, dependiendo de los compromisos que adquieran las otras partes en el marco de un acuerdo global.
Quizás es prematuro decirlo, pero parece que la UE, superada la resaca de Copenhague, ha vuelto a cerrar filas y caminará con un solo paso hacia la cita de México, recuperando un papel de prestigio en las relaciones bilaterales y multilaterales, mientras va implementando su propia legislación sobre clima. Si es así, Europa habrá salido fortalecida.
En tercer lugar, otro aspecto que no puede dejarnos Copenhague en herencia es el de una Cumbre más restrictiva que participativa de cara a la sociedad civil. A pesar de la gran movilización de ONGs y ciudadanos, los líderes mundiales y la misma ONU, acuciados por los problemas organizativos y frustrados por las negociaciones, pecaron de insensibilidad política y no supieron estar a la escucha de los que reclaman un planeta vivo y solidario. El peligro de dar la espalda a la sociedad, no es sólo un problema de pérdida de confianza por parte de ésta hacia sus dirigentes, sino que es algo que roza el descrédito político. La confianza, mal que bien, puede ser recuperada, pero el crédito político es algo que el ciudadano no da fácilmente.
Ante esto, México debe ser la nueva "Cumbre de la Tierra", de toda la Tierra. Hay que recuperar el espíritu de Río, de ésa gran Conferencia y de su Foro Alternativo que en 1992 dieron la oportunidad de hablar a los poderosos, a los no tanto, a los que sufren hambre y sed por las sequías, a los que tienen que huir de sus regiones, a los que quieren crecer siendo respetuosos con el medio ambiente, a los que ven en la lucha contra el cambio climático una oportunidad para hacer negocios...en definitiva, a todos los actores del Planeta que, lo quieran o no, están implicados en un problema común.
Y al hilo de los negocios en el marco de la lucha contra el cambio climático, cabe decir que, en este sentido, Copenhague ha sido otra oportunidad perdida.. Es comprensible que los empresarios nos hayan reprochado que de la Cumbre, vista la ambigüedad del texto final, no haya salido una señal para poder planificar sus inversiones. Por suerte, por la misma inercia del fenómeno y más temprano que tarde, las formas de producción del mundo y los sistemas económicos y financieros tendrán que cambiar.
En el camino a México, hay que aumentar los esfuerzos para que el próximo acuerdo internacional contenga los elementos para conducir al mundo a un modelo de economía eco-eficiente y sostenible. Y, a nivel de la Unión Europea, tal y como dijo la nueva Comisaria de Cambio Climático, Corine Hedegaard, si nos empeñamos en sobreproteger a nuestras industrias contaminantes y obsoletas, perderemos competitividad y nos quedaremos rezagados frente a los que ya están introduciendo, desde el principio de su desarrollo, estructuras de crecimiento sostenible.
No quisiera cerrar este artículo sin hacer referencia a los aspectos matizadamente positivos que arrojó Copenhague. Debemos valorar que ésta ha sido la Cumbre de la ONU con más jefes de Estado de la historia. Cuando todavía algunos siguen negando el cambio climático, más de 190 países lo han marcado en rojo en su agenda. Por otro lado, de Copenhague salió un plan de financiación para ayudar a los países pobres y en desarrollo. Quizás no baste para cubrir sus necesidades, pero es un primer paso hacia una verdadera arquitectura financiera capaz de sustentar nuestros compromisos de solidaridad.
Andrés Perelló
Eurodiputado
Miembro de la Delegación del Parlamento Europeo en la Cumbre de Copenhague
martes, mayo 11, 2010
domingo, noviembre 08, 2009
COMUNICAR EUROPA EN LA UNION EUROPEA Y EN AMERICA LATINA
(INTERVENCIÓN EN EL SEMINARIO EUROPA HOY DE LA UNIVERSIDAD POLITECNICA DE VALENCIA 9 Y 10 DE NOV.09)
Comunicar:
Hacer a otro participe de lo que uno tiene. Descubrir,manifestar,o hacer saber algo a alguien.
De las 5 W+1 del periodismo What, Who, Why, When,Where y How en este caso para la interención querría destacar las 3 que a mi parecer son esenciales para comunicar Europa. Estas serían What, Why y How ya que el Quién, el Dónde y el Cuando son obvias y rápidas.
WHAT/Qué
Ustedes son muy jóvenes. Seguramente, sus padres nacieron en la época del tratado de Roma (25 de marzo de 1957) y ustedes durante el decenio en el que el Acta Única lanzó el gran mercado europeo (febrero de 1986). Todo esto, ¿les dice aún algo emocionalmente hablando?
Hoy en día, el ideal de los Padres fundadores, el ideal de una Europa sin guerras, ya no es tan sugerente. La paz lo mismo que la libertad de cruzar fronteras, les parece a ustedes algo natural. Para ustedes la guerra forma parte de sus apuntes de historia y piensan que ya no puede repetirse.
La Segunda Guerra Mundial es para ustedes tan lejana como lo es para mí la guerra de Cuba. Muy pronto, para ustedes el franco, la peseta o la lira se habrán convertido en un lejano recuerdo.
Muchas cosas han cambiado. Antes, los jóvenes europeos se conocían, durante los breves lapsos de paz, por algún viaje aislado y propio de familias adineradas, y en tiempo de guerra, la comunicación era de trinchera a trinchera.
Para conoceros hoy, basta una mochila y un billete de avión law cost. O bien el programa ERASMUS y del que millones de estudiantes europeos se han beneficiado desde 1987.
Sois una generación que vive en la paz de un modelo democrático europeo, generalizado tras la II Guerra Mundial y expandido tras la caída del Muro en 1989 y la reunificación del Continente.
Por supuesto, después de siglos de guerras entre las naciones europeas, sesenta años de paz quedarán en los manuales de historia como un logro extraordinario de la segunda mitad del siglo XX.
Hoy sin embargo, son muchos los que esperan otra cosa de Europa. La paz era el reto del siglo XX; la globalización es sin duda alguna el reto del siglo XXI. Europa tiene que convertirse en un actor global en un mundo globalizado. Europa tiene que dar una respuesta social a la mayor crisis económica de su historia, trabajar por una globalización equitativa, por reducir el recalentamiento climático, gestionar los flujos migratorios pero, también, procurar su propia adaptación interna a la evolución rápida del contexto mundial.
La manera en que la Unión Europea dará respuestas a estos desafíos condicionará sus vidas y la de sus hijos.
WHY/ Por qué
Si la Unión Europea nació con el objetivo de garantizar la paz entre sus miembros.
Hoy su objetivo, su razón de ser fundamental, es hacer frente, influir en el proceso de globalización.
Creo que ese es su Why o su razón de ser.
¿Porqué los europeos deberían estar juntos? ¿Por qué los Estados europeos se unen, o debieran unirse, en mi opinión mas de lo que están?
Porque ninguno de ellos, ni siquiera el más grande, ni el más fuerte, ni el más rico, es suficientemente grande, fuerte y rico como para pesar en el mundo que se está construyendo.
Cada país europeo por su cuenta no será actor global. No será un sujeto activo. Sufrirá las consecuencias de las decisiones que tomen los demás.
Y por eso, si de verdad queremos influir en el mundo en el que nos toca vivir, sobre todo a quienes os va a tocar vivir en el mundo que viene, el mundo de los próximos 50 años, es fundamental que los europeos nos unamos más.
Y lo digo porque 2500 millones de chinos y de indios, la mitad de la humanida, están tomando su lugar en la economía moderna. Y está emergiendo un nuevo mundo multipolar, en base a nuevos polos.
EEUU han cambiado el ritmo con el presidente Obama y Latinoamérica llama a la puerta de la mano de Lula y su capacidad para haber atraído el foco sobre ese gran continente.
Y ante estas nuevos polos de poder y masas de población, Europa supone el 7,5% de la población mundial (UE de los 27 es igual a 490 millones para una población mundial de 6500 millones). Si queremos preservar nuestra capacidad de influencia, es ahora cuando Europa debe ser capaz de dar respuestas.
La crisis mundial que estamos viviendo y la forma de la que salgamos de ella nos situarán en este nuevo mundo polarizado.
La crisis un problema económico y social
Cuando los españoles entramos en Europa en 1986, casi todos teníamos en la cabeza el paradigma alemán.
Un Estado fuerte que busca redistribuir la renta con garantías. Con garantías de una intervención pública y negociaciones con los sindicatos.
Pero para los nuevos países de la Unión, y fue lo que nos ha llevado a esta situación, no fue ese modelo el que han tenido en su cabeza. Quieren o mejor dicho querían ser como Irlanda. Con un crecimiento al 10% anual. Con mercados desregulados. Bajas presiones fiscales y fuerte inversión extranjera.
Posiblemente muchos dirán que esto se puede considerar normal cuanto que Europa se ha construido desde el mercado.
La Unión Europea se ha construido desarrollando el mercado. Era lo que antes se llamaba mercado común. Eso es verdad.
Europa se hizo desarrollando un mercado y suprimiendo trabas aduaneras impositivas a la construcción de un gran espacio económico.
El mercado único estaba destinado a estimular la economía europea mediante la competencia y los intercambios, así como reducir los precios. Pero tenía que funcionar en paralelo con una solidaridad reforzada entre nuestros Estados miembros. Sin embargo, hoy la competencia ya no es sólo entre empresas sino que se tiende a una competencia entre sociedades.
Nuestra Europa se parece a veces a un ring de boxeo en el que se enfrentan nuestros sistemas fiscales y sociales, en lugar de ser un arma colectiva para enfrentarse a la globalización.
El canibalismo económico nos ha hecho olvidar de los demás cuadros del tríptico del modelo europeo: la cooperación y la solidaridad, que marcan la diferencia en una zona de libre comercio.
Muchos de nuestros conciudadanos tienen la sensación de que hay cada vez más europeos, pero cada vez menos Europa.
Y es que los europeos nunca pensaron que ese mercado iba a invadir determinados aspectos de la vida social: la educación, la sanidad eran bienes que escapaban a la lógica mercantil.
Junto a la mano invisible del mercado, ha estado la mano visible de la política.
Y lo que ha ocurrido desde entonces es que la economía y la política se han separado en el espacio en el que se aplican.
Antes, la economía y la política jugaban las dos en el mismo terreno de juego. Jugaban en el interior del espacio Estado-Nación.
Y ahora la economía juega en el espacio mundo. Ha saltado por encima de todas las fronteras. Se ha liberado de su dependencia nacional o incluso continental, pero la política no.
La política sigue jugando en espacios reducidos. Y uno de los aspectos positivos de la construcción europea debiera ser permitir que la política juegue en un campo de juego más grande. Empezando a nivel continental, que ya sería mucho.
Nos estamos jugando el poder dar una respuesta política a un modelo económico. O lo que es igual, ponerle alma a los números y a las balanzas comerciales.
Y esto sólo nos lo dará una masa crítica y unida de 490 millones de personas con un modelo del Estado del Bienestar único en el planeta. La alternativa es conformarnos con ser una Suiza macrocefálica, rica pero irrelevante.
How/Cómo
Después de abordar el QUÉ y sobre todo la importancia del POR QUÉ, llegamos al Cómo.
¿Cómo acercar las instituciones europeas a los ciudadanos ? Es la gran pregunta que flota en el ambiente cuando uno llega al parlamento Europeo.
Europa está lejos, se suele decir, como si solo fuera Bruselas. La gente se confunde: el Parlamento, la Comisión, el Consejo. Seguramente no es fácil entender como funciona la U.E.
Y eso posiblemente se deba a que los ciudadanos han estado ausentes de la construcción europea. Que ha sido obra de los gobiernos. De "entes intelectuales concienciados".
Los padres fundadores eran una élite intelectual muy consciente de los retos de su tiempo, que lanzan un proceso, que no se explicita porque se tiene el sentimiento de que cuanto menos explícito sea más fácil será aplicarlo.
Esto queda muy bien reflejado en las memorias de Paul- Henri Spaak, "Combates inacabados" (cuanto menos evocador) , dónde explica la difícil elaboración del Tratado de Roma: "cada que vez se presentaban dificultades-escribe-, extraíamos de nuestras convicciones la imaginación necesaria para superarlas."
Los tiempos han cambiado desde entonces. "En su mayor parte, - continua Paul Henri Spaak- la opinión pública no era hostil; era sólo indiferente. Fue la obra de de una minoría que sabía lo que quería".
Y tenía razón..... Para su tiempo. Pero los tiempos han cambiado, Europa se hizo entonces entre sus dirigentes, con el consenso "blando" de los ciudadanos.
Pero hoy eso no es tolerable que la construcción Europea siguiera siendo el resultado de una pequeña minoría ilustrada que sabe muy bien lo que quiere.
Europa no se puede seguir construyendo sólo con los nombres de los Adenauer, Churchill, Monet Schuman, Spaak, Spinelli, Khol, Mitterand, Delors o González.
Y eso que sin embargo, cada vez más, lo que se discute en Europa, en las Instituciones europeas, empieza a ser percibido por los europeos como importante. Cada vez hay más manifestaciones enfrente del Parlamento europeo.
Los partidos políticos que las pasadas elecciones europeas hicieron campaña con un claro tinte europeo como fueron los Verdes en Francia y los liberales en Alemania fueron los que más subieron en votos.
Esto demuestra que hay ganas de Europa y que si se explica convence.
Ya que como hemos dicho antes necesitamos a esos 490 millones de personas para poder tener influencia en este nuevo mundo.
Tenemos que recuperar y potenciar el concepto y sentimiento de "ciudadanía europea" por el que Felipe González peleó en la elaboración del Tratado de Maastricht (7 de febrero de 1992).
Desde las primeras elecciones europeas hasta hoy la participación ha caído veinte puntos. El tirón de los padres fundadores ya no arrastra a votar.
Por eso debemos de ser capaces de desarrollar al máximo todas las virtudes que va a suponer la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.
Vaya por delante que con él se crearán nuevas figuras institucionales -como el Presidente estable del Consejo Europeo o un "ministro de asuntos exteriores" y es lo que más titulares esta dando con las quinielas de futuribles.
Para mi las dos cosas más importante para Europa será que la ciudadanía europea pasará de ser una bella noción dotada de ligero contenido a ser sujeto de unos derechos hasta ahora nunca enunciados en el nivel de la Unión, gracias a una Carta de Derechos Fundamentales jurídicamente vinculante y que se definirá por primera vez en una norma fundamental de la UE lo que denominamos modelo europeo: esa democracia pluralista enmarcada en un sólido estado de derecho que es al tiempo un estado del bienestar.
Pero sobre todo Europa va a atender a la demanda de la gente de mecanismos de democracia participativa con la Iniciativa Ciudadana incluida en la nueva norma comunitaria, que permitirá a un millón de europeos instar a la Comisión a presentar un proyecto de ley.
Esa es una invitación a construir el modelo la sociedad organizada quieran. Construyan ustedes Europa.
Siempre se ha dicho cuando se habla de Europa que estamos inmersos en el proceso de construcción de una democracia supranacional. Que estamos inventando algo nuevo. Que no ha existido nunca hasta ahora en la historia. Europa no es un Estado. Ni lo quiere ser. Y, por lo tanto, no se le puede pedir que actúe como actúan los Estados, porque no lo es. Tampoco es una federación. Ni una Confederación, estrictus sensus. Ni una organización internacional, como la OMC o la OMS. Es algo que estamos haciendo poco a poco, con prueba y error.
Y ese va y viene, esa permanente definición y adaptación a las circunstancias de nuestro tiempo, es lo que requiere una cultura democrática más desarrollada y una participación ciudadana mayor.
Hasta ahora Europa la han hecho los gobiernos. A partir de ahora, o la hacen los ciudadanos, o no se hará. Porque hemos llegado ya al núcleo duro las decisiones políticas sobre las cuales no pueden sólo los diplomáticos en reuniones intergubernamentales decidir.
Cómo concienciar a los ciudadanos y con ellos a las organizaciones que les pueden representar en cada caso es un trabajo que tienen pendiente, la propia estructura de la U.E. con todas su intstituciones, sin dejar de reconocer los esfuerzos y los avances conseguidos. Y sobre todo algunas insitituciones españolas, valga el ejemplo de las Cortes valencians donde no se ha podido celebrar un debate entre euriputados y público, como en otros parlamentos regionales porqeu el partido mayoritario no lo ve oportuno. Por eso, también los partidos políticos europeos, más aún los grandes, han de plantearse la comunicación europea, no solo en campaña electoral, evitando hacerlas como la última que vivimos en España, sino hablando de Europa, dando cuenta del trabajo de sus respectivos diputados puntualmente y llamando a consulta a las organizaciones que los representan a la hora de conformar las grandes decisiones que permanentemente hay que tomar en el Parlamento Europeo. Sin olvidar trabajar sobre todo, y en primera instancia con su propia masa de afiliados para hacer de ella una colectividad de agentes informados y capaces de informar, o al menos colaborar a evitar la distorsión de la información que la política europea soporta.
Pero sobre todo ha de existir una complicidad manifiesta de los mediadores necesarios para esta tarea, los medios de comunicación, otra anécdota resulta ilustrativa: cuando nos planeamos hacer una comida de trabajo con algunos periodistas valencianos para contar nuestro trabajo, en algún medio reconocen no tener a nadie desacado para ese tema... Sin el compromiso y la voluntad de los medios de comunicación de construir Europa, toda tarea será vana. No hay otra forma de momento. No es tarea de unos pocos. Unos tenemos algo que contar y otros tienen los medios para poder contarlo a la sociedad, sin la necesaria colaboración y complicidad entre todos, todo será más lento y más difícil.
Si ustedes piensan en otra forma estaré bien atento a tomar nota de ella.
Muchas gracias.
Comunicar:
Hacer a otro participe de lo que uno tiene. Descubrir,manifestar,o hacer saber algo a alguien.
De las 5 W+1 del periodismo What, Who, Why, When,Where y How en este caso para la interención querría destacar las 3 que a mi parecer son esenciales para comunicar Europa. Estas serían What, Why y How ya que el Quién, el Dónde y el Cuando son obvias y rápidas.
WHAT/Qué
Ustedes son muy jóvenes. Seguramente, sus padres nacieron en la época del tratado de Roma (25 de marzo de 1957) y ustedes durante el decenio en el que el Acta Única lanzó el gran mercado europeo (febrero de 1986). Todo esto, ¿les dice aún algo emocionalmente hablando?
Hoy en día, el ideal de los Padres fundadores, el ideal de una Europa sin guerras, ya no es tan sugerente. La paz lo mismo que la libertad de cruzar fronteras, les parece a ustedes algo natural. Para ustedes la guerra forma parte de sus apuntes de historia y piensan que ya no puede repetirse.
La Segunda Guerra Mundial es para ustedes tan lejana como lo es para mí la guerra de Cuba. Muy pronto, para ustedes el franco, la peseta o la lira se habrán convertido en un lejano recuerdo.
Muchas cosas han cambiado. Antes, los jóvenes europeos se conocían, durante los breves lapsos de paz, por algún viaje aislado y propio de familias adineradas, y en tiempo de guerra, la comunicación era de trinchera a trinchera.
Para conoceros hoy, basta una mochila y un billete de avión law cost. O bien el programa ERASMUS y del que millones de estudiantes europeos se han beneficiado desde 1987.
Sois una generación que vive en la paz de un modelo democrático europeo, generalizado tras la II Guerra Mundial y expandido tras la caída del Muro en 1989 y la reunificación del Continente.
Por supuesto, después de siglos de guerras entre las naciones europeas, sesenta años de paz quedarán en los manuales de historia como un logro extraordinario de la segunda mitad del siglo XX.
Hoy sin embargo, son muchos los que esperan otra cosa de Europa. La paz era el reto del siglo XX; la globalización es sin duda alguna el reto del siglo XXI. Europa tiene que convertirse en un actor global en un mundo globalizado. Europa tiene que dar una respuesta social a la mayor crisis económica de su historia, trabajar por una globalización equitativa, por reducir el recalentamiento climático, gestionar los flujos migratorios pero, también, procurar su propia adaptación interna a la evolución rápida del contexto mundial.
La manera en que la Unión Europea dará respuestas a estos desafíos condicionará sus vidas y la de sus hijos.
WHY/ Por qué
Si la Unión Europea nació con el objetivo de garantizar la paz entre sus miembros.
Hoy su objetivo, su razón de ser fundamental, es hacer frente, influir en el proceso de globalización.
Creo que ese es su Why o su razón de ser.
¿Porqué los europeos deberían estar juntos? ¿Por qué los Estados europeos se unen, o debieran unirse, en mi opinión mas de lo que están?
Porque ninguno de ellos, ni siquiera el más grande, ni el más fuerte, ni el más rico, es suficientemente grande, fuerte y rico como para pesar en el mundo que se está construyendo.
Cada país europeo por su cuenta no será actor global. No será un sujeto activo. Sufrirá las consecuencias de las decisiones que tomen los demás.
Y por eso, si de verdad queremos influir en el mundo en el que nos toca vivir, sobre todo a quienes os va a tocar vivir en el mundo que viene, el mundo de los próximos 50 años, es fundamental que los europeos nos unamos más.
Y lo digo porque 2500 millones de chinos y de indios, la mitad de la humanida, están tomando su lugar en la economía moderna. Y está emergiendo un nuevo mundo multipolar, en base a nuevos polos.
EEUU han cambiado el ritmo con el presidente Obama y Latinoamérica llama a la puerta de la mano de Lula y su capacidad para haber atraído el foco sobre ese gran continente.
Y ante estas nuevos polos de poder y masas de población, Europa supone el 7,5% de la población mundial (UE de los 27 es igual a 490 millones para una población mundial de 6500 millones). Si queremos preservar nuestra capacidad de influencia, es ahora cuando Europa debe ser capaz de dar respuestas.
La crisis mundial que estamos viviendo y la forma de la que salgamos de ella nos situarán en este nuevo mundo polarizado.
La crisis un problema económico y social
Cuando los españoles entramos en Europa en 1986, casi todos teníamos en la cabeza el paradigma alemán.
Un Estado fuerte que busca redistribuir la renta con garantías. Con garantías de una intervención pública y negociaciones con los sindicatos.
Pero para los nuevos países de la Unión, y fue lo que nos ha llevado a esta situación, no fue ese modelo el que han tenido en su cabeza. Quieren o mejor dicho querían ser como Irlanda. Con un crecimiento al 10% anual. Con mercados desregulados. Bajas presiones fiscales y fuerte inversión extranjera.
Posiblemente muchos dirán que esto se puede considerar normal cuanto que Europa se ha construido desde el mercado.
La Unión Europea se ha construido desarrollando el mercado. Era lo que antes se llamaba mercado común. Eso es verdad.
Europa se hizo desarrollando un mercado y suprimiendo trabas aduaneras impositivas a la construcción de un gran espacio económico.
El mercado único estaba destinado a estimular la economía europea mediante la competencia y los intercambios, así como reducir los precios. Pero tenía que funcionar en paralelo con una solidaridad reforzada entre nuestros Estados miembros. Sin embargo, hoy la competencia ya no es sólo entre empresas sino que se tiende a una competencia entre sociedades.
Nuestra Europa se parece a veces a un ring de boxeo en el que se enfrentan nuestros sistemas fiscales y sociales, en lugar de ser un arma colectiva para enfrentarse a la globalización.
El canibalismo económico nos ha hecho olvidar de los demás cuadros del tríptico del modelo europeo: la cooperación y la solidaridad, que marcan la diferencia en una zona de libre comercio.
Muchos de nuestros conciudadanos tienen la sensación de que hay cada vez más europeos, pero cada vez menos Europa.
Y es que los europeos nunca pensaron que ese mercado iba a invadir determinados aspectos de la vida social: la educación, la sanidad eran bienes que escapaban a la lógica mercantil.
Junto a la mano invisible del mercado, ha estado la mano visible de la política.
Y lo que ha ocurrido desde entonces es que la economía y la política se han separado en el espacio en el que se aplican.
Antes, la economía y la política jugaban las dos en el mismo terreno de juego. Jugaban en el interior del espacio Estado-Nación.
Y ahora la economía juega en el espacio mundo. Ha saltado por encima de todas las fronteras. Se ha liberado de su dependencia nacional o incluso continental, pero la política no.
La política sigue jugando en espacios reducidos. Y uno de los aspectos positivos de la construcción europea debiera ser permitir que la política juegue en un campo de juego más grande. Empezando a nivel continental, que ya sería mucho.
Nos estamos jugando el poder dar una respuesta política a un modelo económico. O lo que es igual, ponerle alma a los números y a las balanzas comerciales.
Y esto sólo nos lo dará una masa crítica y unida de 490 millones de personas con un modelo del Estado del Bienestar único en el planeta. La alternativa es conformarnos con ser una Suiza macrocefálica, rica pero irrelevante.
How/Cómo
Después de abordar el QUÉ y sobre todo la importancia del POR QUÉ, llegamos al Cómo.
¿Cómo acercar las instituciones europeas a los ciudadanos ? Es la gran pregunta que flota en el ambiente cuando uno llega al parlamento Europeo.
Europa está lejos, se suele decir, como si solo fuera Bruselas. La gente se confunde: el Parlamento, la Comisión, el Consejo. Seguramente no es fácil entender como funciona la U.E.
Y eso posiblemente se deba a que los ciudadanos han estado ausentes de la construcción europea. Que ha sido obra de los gobiernos. De "entes intelectuales concienciados".
Los padres fundadores eran una élite intelectual muy consciente de los retos de su tiempo, que lanzan un proceso, que no se explicita porque se tiene el sentimiento de que cuanto menos explícito sea más fácil será aplicarlo.
Esto queda muy bien reflejado en las memorias de Paul- Henri Spaak, "Combates inacabados" (cuanto menos evocador) , dónde explica la difícil elaboración del Tratado de Roma: "cada que vez se presentaban dificultades-escribe-, extraíamos de nuestras convicciones la imaginación necesaria para superarlas."
Los tiempos han cambiado desde entonces. "En su mayor parte, - continua Paul Henri Spaak- la opinión pública no era hostil; era sólo indiferente. Fue la obra de de una minoría que sabía lo que quería".
Y tenía razón..... Para su tiempo. Pero los tiempos han cambiado, Europa se hizo entonces entre sus dirigentes, con el consenso "blando" de los ciudadanos.
Pero hoy eso no es tolerable que la construcción Europea siguiera siendo el resultado de una pequeña minoría ilustrada que sabe muy bien lo que quiere.
Europa no se puede seguir construyendo sólo con los nombres de los Adenauer, Churchill, Monet Schuman, Spaak, Spinelli, Khol, Mitterand, Delors o González.
Y eso que sin embargo, cada vez más, lo que se discute en Europa, en las Instituciones europeas, empieza a ser percibido por los europeos como importante. Cada vez hay más manifestaciones enfrente del Parlamento europeo.
Los partidos políticos que las pasadas elecciones europeas hicieron campaña con un claro tinte europeo como fueron los Verdes en Francia y los liberales en Alemania fueron los que más subieron en votos.
Esto demuestra que hay ganas de Europa y que si se explica convence.
Ya que como hemos dicho antes necesitamos a esos 490 millones de personas para poder tener influencia en este nuevo mundo.
Tenemos que recuperar y potenciar el concepto y sentimiento de "ciudadanía europea" por el que Felipe González peleó en la elaboración del Tratado de Maastricht (7 de febrero de 1992).
Desde las primeras elecciones europeas hasta hoy la participación ha caído veinte puntos. El tirón de los padres fundadores ya no arrastra a votar.
Por eso debemos de ser capaces de desarrollar al máximo todas las virtudes que va a suponer la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.
Vaya por delante que con él se crearán nuevas figuras institucionales -como el Presidente estable del Consejo Europeo o un "ministro de asuntos exteriores" y es lo que más titulares esta dando con las quinielas de futuribles.
Para mi las dos cosas más importante para Europa será que la ciudadanía europea pasará de ser una bella noción dotada de ligero contenido a ser sujeto de unos derechos hasta ahora nunca enunciados en el nivel de la Unión, gracias a una Carta de Derechos Fundamentales jurídicamente vinculante y que se definirá por primera vez en una norma fundamental de la UE lo que denominamos modelo europeo: esa democracia pluralista enmarcada en un sólido estado de derecho que es al tiempo un estado del bienestar.
Pero sobre todo Europa va a atender a la demanda de la gente de mecanismos de democracia participativa con la Iniciativa Ciudadana incluida en la nueva norma comunitaria, que permitirá a un millón de europeos instar a la Comisión a presentar un proyecto de ley.
Esa es una invitación a construir el modelo la sociedad organizada quieran. Construyan ustedes Europa.
Siempre se ha dicho cuando se habla de Europa que estamos inmersos en el proceso de construcción de una democracia supranacional. Que estamos inventando algo nuevo. Que no ha existido nunca hasta ahora en la historia. Europa no es un Estado. Ni lo quiere ser. Y, por lo tanto, no se le puede pedir que actúe como actúan los Estados, porque no lo es. Tampoco es una federación. Ni una Confederación, estrictus sensus. Ni una organización internacional, como la OMC o la OMS. Es algo que estamos haciendo poco a poco, con prueba y error.
Y ese va y viene, esa permanente definición y adaptación a las circunstancias de nuestro tiempo, es lo que requiere una cultura democrática más desarrollada y una participación ciudadana mayor.
Hasta ahora Europa la han hecho los gobiernos. A partir de ahora, o la hacen los ciudadanos, o no se hará. Porque hemos llegado ya al núcleo duro las decisiones políticas sobre las cuales no pueden sólo los diplomáticos en reuniones intergubernamentales decidir.
Cómo concienciar a los ciudadanos y con ellos a las organizaciones que les pueden representar en cada caso es un trabajo que tienen pendiente, la propia estructura de la U.E. con todas su intstituciones, sin dejar de reconocer los esfuerzos y los avances conseguidos. Y sobre todo algunas insitituciones españolas, valga el ejemplo de las Cortes valencians donde no se ha podido celebrar un debate entre euriputados y público, como en otros parlamentos regionales porqeu el partido mayoritario no lo ve oportuno. Por eso, también los partidos políticos europeos, más aún los grandes, han de plantearse la comunicación europea, no solo en campaña electoral, evitando hacerlas como la última que vivimos en España, sino hablando de Europa, dando cuenta del trabajo de sus respectivos diputados puntualmente y llamando a consulta a las organizaciones que los representan a la hora de conformar las grandes decisiones que permanentemente hay que tomar en el Parlamento Europeo. Sin olvidar trabajar sobre todo, y en primera instancia con su propia masa de afiliados para hacer de ella una colectividad de agentes informados y capaces de informar, o al menos colaborar a evitar la distorsión de la información que la política europea soporta.
Pero sobre todo ha de existir una complicidad manifiesta de los mediadores necesarios para esta tarea, los medios de comunicación, otra anécdota resulta ilustrativa: cuando nos planeamos hacer una comida de trabajo con algunos periodistas valencianos para contar nuestro trabajo, en algún medio reconocen no tener a nadie desacado para ese tema... Sin el compromiso y la voluntad de los medios de comunicación de construir Europa, toda tarea será vana. No hay otra forma de momento. No es tarea de unos pocos. Unos tenemos algo que contar y otros tienen los medios para poder contarlo a la sociedad, sin la necesaria colaboración y complicidad entre todos, todo será más lento y más difícil.
Si ustedes piensan en otra forma estaré bien atento a tomar nota de ella.
Muchas gracias.
domingo, noviembre 01, 2009
CONFIESO QUE SOY RADICAL
He decidido numerar mi escaño en el Parlamento Europeo con el número cien, como si fuera una extensión de las Cortes Valencianas desde el escaño que queda libre, y desde él mirar a la tierra en la que tanta vida política he consumido y comentar mis impresiones.
Desde aquí llama todavía más la atención el triste espectáculo que se vive, desde la más soez degradación, en la política valenciana. Para muchos, especialmente votantes del PP, unos con consciencia ideológica de lo que votaban, y otros desde la más absoluta irreflexión o descuido electoral, puede parecerles algo asombroso y no previsto. Para muchos otros, entre los que me encuentro, estaba escrito hace muchos años que la cosa acabaría así; me remito, si no a la memoria, que veces parecemos no tener, a los diarios de sesiones de les Corts que vale la pena repasar.
Hemos sido varios, con insistencia, los que advertíamos al PP, a Camps, y a los valencianos, que la opacidad y el secuestro de las cuentas públicas, eran la antesala de la corrupción y que ésta invadiría nuestras instituciones como una perversa y terminal metástasis. Así ha sido. La respuesta a la “Ofensiva por la Transparencia” de la que propios y ajenos parecen no acordarse, y de los plantones a las puertas del IVEX, CIEGSA, y otras empresas públicas fueron un intento vano de evitar lo inevitable. El “voto del Pueblo” les avalaba, decían, ( pues que aprenda el Pueblo a quien da su voto y luego no se llame a engaño) y éramos unos radicales, esa fue toda la respuesta del PP. Ahora cuando los ciudadanos empiezan a despertar y salen a la calle hastiados de tanta corrupción, y eso que no se ha conocido toda, vuelven a llamarnos radicales a los que hemos ido a esa manifestación, así lo ha dicho Cotino. Pues tienen razón. Si por pedir transparencia fui un radical, y por manifestarme contra la corrupción soy radical, debo admitir que soy una radical y así lo confieso. La transparencia está en la raíz de la democracia y la corrupción hay que cortarla de raíz antes que pudra a la democracia. Es cuestión de radicalidad, no cabe duda.
Desde aquí llama todavía más la atención el triste espectáculo que se vive, desde la más soez degradación, en la política valenciana. Para muchos, especialmente votantes del PP, unos con consciencia ideológica de lo que votaban, y otros desde la más absoluta irreflexión o descuido electoral, puede parecerles algo asombroso y no previsto. Para muchos otros, entre los que me encuentro, estaba escrito hace muchos años que la cosa acabaría así; me remito, si no a la memoria, que veces parecemos no tener, a los diarios de sesiones de les Corts que vale la pena repasar.
Hemos sido varios, con insistencia, los que advertíamos al PP, a Camps, y a los valencianos, que la opacidad y el secuestro de las cuentas públicas, eran la antesala de la corrupción y que ésta invadiría nuestras instituciones como una perversa y terminal metástasis. Así ha sido. La respuesta a la “Ofensiva por la Transparencia” de la que propios y ajenos parecen no acordarse, y de los plantones a las puertas del IVEX, CIEGSA, y otras empresas públicas fueron un intento vano de evitar lo inevitable. El “voto del Pueblo” les avalaba, decían, ( pues que aprenda el Pueblo a quien da su voto y luego no se llame a engaño) y éramos unos radicales, esa fue toda la respuesta del PP. Ahora cuando los ciudadanos empiezan a despertar y salen a la calle hastiados de tanta corrupción, y eso que no se ha conocido toda, vuelven a llamarnos radicales a los que hemos ido a esa manifestación, así lo ha dicho Cotino. Pues tienen razón. Si por pedir transparencia fui un radical, y por manifestarme contra la corrupción soy radical, debo admitir que soy una radical y así lo confieso. La transparencia está en la raíz de la democracia y la corrupción hay que cortarla de raíz antes que pudra a la democracia. Es cuestión de radicalidad, no cabe duda.
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