(Publicado en Las Provincias 11/06/06)
Eso fue la sesión de control del pasado jueves en Les Corts Valencianes, un debate entre candidatos. Ignasi Pla, porque ya lo es oficialmente, y Francisco Camps porque también lo es y, sobre todo, porque cada día se le olvida más que ha de ser presidente hasta el día del traspaso de poderes, pero para eso falta algo más de un año, y vive más como si tan sólo fuera un candidato, nuevo para más señas, con el que no van: ni el tremendo endeudamiento que ha acarreado el Partido Popular a esta Comunitat Valenciana, ni los sobrecostes, ni los casos de “enriquecimiento express”, puestos de moda por los varios altos cargos del PP imputados o condenados por corrupción, ni el deterioro de los servicios públicos ni… para qué seguir.
Si sigo me dirán que tenemos lo “més gran del món” y me citarán la Ciudad de las Artes y la Ciencias, a la que tildaron de derroche cuando costaba algo así como 43.000 millones de las antiguas pesetas, en 1995. ¡Quién se lo iba a decir al entonces conseller de Economía, José Luis Olivas!, que se le hizo la boca grande de despotricar contra lo cara que era esa magna obra.
Nadie, después, le ha oído decir que sólo con el sobrecoste de la Ciutat de les Arts se podría haber pagado más de la mitad de todo el proyecto original.
Y es que lo de “tenim lo més gran”, así a secas, ya no vale. Cualquiera en su sano juicio, y que estime su dinero, se pregunta: ¿Y no es posible “tindre lo més gran” y pagar por ello justo lo que vale y no tres veces más? Pues, mire, sí. Los gobiernos austeros y decentes intentan tener lo mejor, hacerlo con transparencia y con las cuentas claras, y pagar por ello sólo lo que vale. Por eso su endeudamiento responde a inversiones reales y no a sobrecostes pagados con la mano rota del nuevo rico que no sabe lo que cuestan de ganar.
De todo eso se culpó alguna vez al ex presidente Eduardo Zaplana, altos cargos del PP incluidos, pero el caso es que Camps ni hizo, ni hace, ni apunta maneras de querer hacer nada por evitar esa forma licenciosa de tratar con el dinero de todos. Más bien acumula mayores dosis de mal carácter cada vez que se le piden cuentas. Deportividad, señor presidente, que la política es ilógica, cambiante, efímera y, en ocasiones, muchas, paradójica, y no sabemos en lo que nos podemos llegar a ver.
Porque por ese camino no puede, aunque quiera, decir a voz en grito en la tribuna de Les Corts que es el presidente de la Generalitat, por si alguien lo duda, pero en la práctica comportarse como un candidato novicio, porque no es tal.
Como no lo son ninguno de los nuevos-viejos consellers que acaba de nombrar y que en la intimidad del “off de record”, se dedican finos epítetos poniéndose de chupa dómine los unos a los otros ¿O me lo van a negar ellos y mis queridos profesionales de la prensa? Ni pensarlo, no pueden. Ambos saben que lo sé.
Camps con la situación que tiene en el Gobierno autonómico y la fractura más que evidente que se da en su partido, no debería decir, como dijo a Ignasi Pla : “…Yo soy candidato y presidente, cosa que usted no puede decir…” Acabáramos, señor presidente. Por eso sólo usted puede dejar de ser presidente, y yo estoy en que va a dejar de serlo, mientras que Pla puede serlo, que yo también creo que lo va a ser. ¡Para oír obviedades elevadas a categoría! nuestras queridas Corts Valencianes.
Falta todavía un año para las elecciones autonómicas y municipales, pero si Francisco Camps, que tiene méritos más que sobrados para ser relevado, sigue por ese camino de querer esconder tras el cartel del candidato la alta dosis de responsabilidad que tiene como presidente, pueda que el relevo sea algo más que a la gallega.
jueves, junio 15, 2006
lunes, junio 05, 2006
MOVIMIENTO DE MARACAS
(Publicado en Las Provincias 04/06/06)
Me comentaban hace unos días que Camps remodela sus gobiernos como quien agita unas maracas. Dé los golpes que dé, y las agite como las agite, ninguno de los componentes que hacen el ruido sale de la maraca, tan sólo cambia de lugar en el interior. Qué otra cosa podemos decir de la reubicación, que no remodelación de Consell.
Hablar de nuevo impulso porque viejas caras estrenen conselleria, es como creer que estrenas coche porque a un 600 le cambies las ruedas de sitio. Porque ni siquiera se las ha puesto nuevas a este 600 cansino que es el actual Consell, tan solo las ha recolocado.
Razones o, más bien elucubraciones, ha habido muchas, la mayoría inconsistentes. Porque ninguna de ellas, ni las dadas por Camps, ni las comentadas por algunos periódicos, son las reales. Las auténticas razones están más cerca del edificio de Presidencia que de cualquiera de los otros, y ni las ha dado ni las va a explicitar Camps, porque de hacerlo se vería que esta llamada remodelación del Consell, ni obedece a algo relacionado con la autonomía personal del presidente, ni con la autonomía política, ni con la Autonomía Estatutaria. Le viene casi impuesto.
Quien ha portado la voz va a hacer ahora urbanismo cardíaco, como si el que ya teníamos no fuera de infarto. González Pons habla de urbanismo con corazón. Quien ha hecho un urbanismo por espasmos y de infarto. Y quien se tomó con filosofía y tranquilidad las listas de espera hospitalarias, se va a encargar ahora de portar la voz, no sabemos si también la palabra, que tanto escasea en este Consell, quitándole subidas de tono, desafines y algún que otro gallito. ¡Arrea impulso! ¿Y, ya está? A veces creo que el hastío y la incapacidad de algunos gobernantes, a las pruebas me remito, hacen que la política tenga razones con las que la razón nunca se casaría.
El otro elemento relevante de la semana ha sido la solicitud de personación, del grupo parlamentario socialista, en la causa judicial que se sigue por la trama de las facturas falsas en el parque de Terra Mítica. La pasividad de la Generalitat era ya insostenible. Miles de millones de pesetas desaparecidos o injustificados, una causa abierta, el presidente mirando al infinito y el PP diciendo que el que pida que se aclaren las cuentas está contra el parque y contra la Comunitat, y si se tercia hasta contra el Niño Jesús de Praga.
En la oposición quisiera ver yo a estos patriotas que les sale la defensa de lo patrio sólo cuando les piden claridad en las cuentas. Con tal de no enseñarlas se quemarían a lo bonzo emitiéndolo en directo por Canal 9 mientras pasa el subtítulo diciendo: “Incendio provocado por Zapatero y los suyos al pedir indebidamente que le enseñen las cuentas públicas. Esto puede pasarles por votar al PSOE”.
Capaces son, después de ver el debate sobre la inseguridad ciudadana de esta semana y los rótulos que el canalla de turno pasó, ya no me extraña nada. No han aprendido que a medida que aumenta la manipulación se evidencia más el pánico electoral que están acumulando.
Hagan lo que hagan y cuenten lo que cuenten, la sociedad actual es cada vez menos dogmática y quienes creen que el voto a un partido es eterno y supone un salvoconducto para hacer lo que a cada cual le rote, está gravemente equivocado. Conocer las cuentas públicas le gusta a todo el mundo, ofrecerlas con transparencia es una obligación democrática. No hacerlo es simplemente una indecencia que se paga caro. El que esconde, de algo huye, y si no que lo enseñe.
En Terra Mítica nos hemos personado porque queremos saber, para que todos puedan saber, todos los que, voten lo que voten, se consideran parte de una mayoría de decencia. Aunque, por lo que se ve, los hay que no están por esa labor. Pero agitan las maracas.
Me comentaban hace unos días que Camps remodela sus gobiernos como quien agita unas maracas. Dé los golpes que dé, y las agite como las agite, ninguno de los componentes que hacen el ruido sale de la maraca, tan sólo cambia de lugar en el interior. Qué otra cosa podemos decir de la reubicación, que no remodelación de Consell.
Hablar de nuevo impulso porque viejas caras estrenen conselleria, es como creer que estrenas coche porque a un 600 le cambies las ruedas de sitio. Porque ni siquiera se las ha puesto nuevas a este 600 cansino que es el actual Consell, tan solo las ha recolocado.
Razones o, más bien elucubraciones, ha habido muchas, la mayoría inconsistentes. Porque ninguna de ellas, ni las dadas por Camps, ni las comentadas por algunos periódicos, son las reales. Las auténticas razones están más cerca del edificio de Presidencia que de cualquiera de los otros, y ni las ha dado ni las va a explicitar Camps, porque de hacerlo se vería que esta llamada remodelación del Consell, ni obedece a algo relacionado con la autonomía personal del presidente, ni con la autonomía política, ni con la Autonomía Estatutaria. Le viene casi impuesto.
Quien ha portado la voz va a hacer ahora urbanismo cardíaco, como si el que ya teníamos no fuera de infarto. González Pons habla de urbanismo con corazón. Quien ha hecho un urbanismo por espasmos y de infarto. Y quien se tomó con filosofía y tranquilidad las listas de espera hospitalarias, se va a encargar ahora de portar la voz, no sabemos si también la palabra, que tanto escasea en este Consell, quitándole subidas de tono, desafines y algún que otro gallito. ¡Arrea impulso! ¿Y, ya está? A veces creo que el hastío y la incapacidad de algunos gobernantes, a las pruebas me remito, hacen que la política tenga razones con las que la razón nunca se casaría.
El otro elemento relevante de la semana ha sido la solicitud de personación, del grupo parlamentario socialista, en la causa judicial que se sigue por la trama de las facturas falsas en el parque de Terra Mítica. La pasividad de la Generalitat era ya insostenible. Miles de millones de pesetas desaparecidos o injustificados, una causa abierta, el presidente mirando al infinito y el PP diciendo que el que pida que se aclaren las cuentas está contra el parque y contra la Comunitat, y si se tercia hasta contra el Niño Jesús de Praga.
En la oposición quisiera ver yo a estos patriotas que les sale la defensa de lo patrio sólo cuando les piden claridad en las cuentas. Con tal de no enseñarlas se quemarían a lo bonzo emitiéndolo en directo por Canal 9 mientras pasa el subtítulo diciendo: “Incendio provocado por Zapatero y los suyos al pedir indebidamente que le enseñen las cuentas públicas. Esto puede pasarles por votar al PSOE”.
Capaces son, después de ver el debate sobre la inseguridad ciudadana de esta semana y los rótulos que el canalla de turno pasó, ya no me extraña nada. No han aprendido que a medida que aumenta la manipulación se evidencia más el pánico electoral que están acumulando.
Hagan lo que hagan y cuenten lo que cuenten, la sociedad actual es cada vez menos dogmática y quienes creen que el voto a un partido es eterno y supone un salvoconducto para hacer lo que a cada cual le rote, está gravemente equivocado. Conocer las cuentas públicas le gusta a todo el mundo, ofrecerlas con transparencia es una obligación democrática. No hacerlo es simplemente una indecencia que se paga caro. El que esconde, de algo huye, y si no que lo enseñe.
En Terra Mítica nos hemos personado porque queremos saber, para que todos puedan saber, todos los que, voten lo que voten, se consideran parte de una mayoría de decencia. Aunque, por lo que se ve, los hay que no están por esa labor. Pero agitan las maracas.
lunes, mayo 29, 2006
NO ES BUENO TAPAR TANTO
(Publicado en Las Provincias 28/05/06)
El afán desmedido, de algunos dirigentes de partido, por tapar lo que nunca debe taparse parece una consecuencia inevitable de la mayoría absoluta y la estancia prolongada en el gobierno. Esa tendencia a negarse a analizar las críticas y a no ejercer la autocrítica aboca a algunos partidos, o a generar la corrupción, o a ser incapaces de controlarla una vez producida. El PP en la Comunitat es una buena muestra de ello en estos momentos, todos ustedes saben porqué sin necesidad de que yo vuelva a relacionar los casos que le afectan.
Este fin de semana, con la que le está cayendo al PP los últimos días, nos visita Rajoy. ¿Para clarificar la situación de división que vive el partido? ¿Para pedir responsabilidades por el alto número de cargos imputados en posibles delitos, que apoyan a Camps? ¿Para aclarar dónde está el dinero de los sobrecostes injustificados? ¿Para pedir responsabilidades sobre la trama de Terra Mítica? Pues no. Ha venido para ayudar a tapar, para justificar la negativa a clarificar las cuentas. Para hablar de Zapatero en términos de inquisidor de la Comunitat. En suma, para negar la transparencia y justificar la opacidad que han dado lugar a la indecencia, delante de Fabra y todos los demás imputados ¡Así no vamos a ninguna parte!
¿Alguien puede asumir como normal que ahora se pague por un mismo servicio un 70% menos que hace cinco años? ¿Alguien trabajaría hoy, no por un 70%, sino por un 50% menos que hace cinco años, aunque hiciera algo menos? ¿A que no? Pues es justo lo que pasa ahora en Terra Mítica, que se paga casi la mitad de lo que costaban algunas cosas hace cinco años. Y eso no es más que una muestra de lo que nos ha pasado en la Comunitat con la aquiescencia, cuando no la complacencia, del PP. Quiéranlo, o no, así es. Cualquiera comprende que pueda existir un sobrecoste, la Ley también. Pero lo que es inadmisible es que no se justifique el sobrecoste, no exista la fiscalización política de los proyectos públicos y, encima, se satanice a la oposición por ejercer su misión democrática de controlar al Consell.
Pero en qué País vivimos. Qué se diría de una oposición débil que estuviera a verlas venir y no cumpliera el papel que la Constitución y las urnas le encomiendan. Seguramente Camps la premiaría, a juzgar por todas las salida de tono que tuvo el pasado jueves en la sesión de control de las Cortes.
Tienen pelendengues que veinte años después diga que en el Palau de la Música de Valencia hubo sobrecostes; pues seguramente habría. Y qué hizo la oposición de la derecha entonces en el Ayuntamiento. Y qué hizo la de las Cortes con los sobrecostes de la Generalitat, ¿no controlarlos? ¡Pues menuda oposición! Y ahora, ¡menudo gobierno! Se buscan sobrecostes del pasado como quien dice que una mancha de mora con otra verde se quita. Eso se ha de acabar en 2007. Hay que levantar alfombras, la democracia ya está madura para eso. La ciudadanía tiene que saber lo que se esconde tras la impresionante envergadura de algunos grandes proyectos.
Pero es triste que haya de cambiar el gobierno para que podamos saberlo, porque el actual Consell, con Camps a la cabeza se niega a ser controlado, a enseñar las justificaciones de los inmensos sobrecostes pagados por CIEGSA, a mostrar los gastos pagados con tarjetas de crédito por altos cargos, a investigar qué ha pasado en Terra Mítica y a explicar el por qué del más del 200% de sobrecostes en la Ciutat de les Arts.
Está muy claro desde siempre, el que tapa algo esconde. Y tapar tanto acaba asfixiando a la democracia misma. Hay que ir pensando en abrir puertas y ventanas, que entre luz y aire nuevo. No es bueno tapar tanto. Y Rajoy debe saberlo.
El afán desmedido, de algunos dirigentes de partido, por tapar lo que nunca debe taparse parece una consecuencia inevitable de la mayoría absoluta y la estancia prolongada en el gobierno. Esa tendencia a negarse a analizar las críticas y a no ejercer la autocrítica aboca a algunos partidos, o a generar la corrupción, o a ser incapaces de controlarla una vez producida. El PP en la Comunitat es una buena muestra de ello en estos momentos, todos ustedes saben porqué sin necesidad de que yo vuelva a relacionar los casos que le afectan.
Este fin de semana, con la que le está cayendo al PP los últimos días, nos visita Rajoy. ¿Para clarificar la situación de división que vive el partido? ¿Para pedir responsabilidades por el alto número de cargos imputados en posibles delitos, que apoyan a Camps? ¿Para aclarar dónde está el dinero de los sobrecostes injustificados? ¿Para pedir responsabilidades sobre la trama de Terra Mítica? Pues no. Ha venido para ayudar a tapar, para justificar la negativa a clarificar las cuentas. Para hablar de Zapatero en términos de inquisidor de la Comunitat. En suma, para negar la transparencia y justificar la opacidad que han dado lugar a la indecencia, delante de Fabra y todos los demás imputados ¡Así no vamos a ninguna parte!
¿Alguien puede asumir como normal que ahora se pague por un mismo servicio un 70% menos que hace cinco años? ¿Alguien trabajaría hoy, no por un 70%, sino por un 50% menos que hace cinco años, aunque hiciera algo menos? ¿A que no? Pues es justo lo que pasa ahora en Terra Mítica, que se paga casi la mitad de lo que costaban algunas cosas hace cinco años. Y eso no es más que una muestra de lo que nos ha pasado en la Comunitat con la aquiescencia, cuando no la complacencia, del PP. Quiéranlo, o no, así es. Cualquiera comprende que pueda existir un sobrecoste, la Ley también. Pero lo que es inadmisible es que no se justifique el sobrecoste, no exista la fiscalización política de los proyectos públicos y, encima, se satanice a la oposición por ejercer su misión democrática de controlar al Consell.
Pero en qué País vivimos. Qué se diría de una oposición débil que estuviera a verlas venir y no cumpliera el papel que la Constitución y las urnas le encomiendan. Seguramente Camps la premiaría, a juzgar por todas las salida de tono que tuvo el pasado jueves en la sesión de control de las Cortes.
Tienen pelendengues que veinte años después diga que en el Palau de la Música de Valencia hubo sobrecostes; pues seguramente habría. Y qué hizo la oposición de la derecha entonces en el Ayuntamiento. Y qué hizo la de las Cortes con los sobrecostes de la Generalitat, ¿no controlarlos? ¡Pues menuda oposición! Y ahora, ¡menudo gobierno! Se buscan sobrecostes del pasado como quien dice que una mancha de mora con otra verde se quita. Eso se ha de acabar en 2007. Hay que levantar alfombras, la democracia ya está madura para eso. La ciudadanía tiene que saber lo que se esconde tras la impresionante envergadura de algunos grandes proyectos.
Pero es triste que haya de cambiar el gobierno para que podamos saberlo, porque el actual Consell, con Camps a la cabeza se niega a ser controlado, a enseñar las justificaciones de los inmensos sobrecostes pagados por CIEGSA, a mostrar los gastos pagados con tarjetas de crédito por altos cargos, a investigar qué ha pasado en Terra Mítica y a explicar el por qué del más del 200% de sobrecostes en la Ciutat de les Arts.
Está muy claro desde siempre, el que tapa algo esconde. Y tapar tanto acaba asfixiando a la democracia misma. Hay que ir pensando en abrir puertas y ventanas, que entre luz y aire nuevo. No es bueno tapar tanto. Y Rajoy debe saberlo.
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